Durante el Congreso Internacional de Mindfulness celebrado en Zaragoza, España, este 2026 tuve la alegría de reencontrarme con un gran amigo y uno de los principales referentes internacionales en mindfulness y ciencias contemplativas: el Dr. Javier García-Campayo.
Fue una conversación breve, de apenas unos minutos, pero con ideas capaces de acompañarnos durante mucho tiempo.
Después de tantos años investigando, practicando y enseñando mindfulness, le pregunté a Javier cuál consideraba que había sido su mayor aprendizaje.
Su respuesta fue clara: la práctica de la meditación cambia la perspectiva desde la cual observamos el mundo y comprendemos nuestra propia vida.
No se trata necesariamente de un cambio inmediato o espectacular. Es una transformación progresiva, pero persistente.
Con el tiempo, puede cambiar el sentido que damos a nuestra existencia, la manera en que nos relacionamos con otras personas y la forma en que reaccionamos frente a las dificultades.
¿Por qué sufrimos tanto?
El dolor y las dificultades forman parte de la experiencia humana.
Envejecer, enfermar, perder a personas queridas o enfrentarnos a situaciones que no podemos controlar son realidades inevitables.
Sin embargo, existe también otro tipo de sufrimiento: el que aparece como consecuencia de la forma en que interpretamos lo que sucede.
El filósofo estoico Epicteto planteaba que no son únicamente los acontecimientos los que perturban a las personas, sino las opiniones y juicios que construimos alrededor de ellos.
Javier explicó que nuestra mente piensa e interpreta la vida constantemente. Recordamos el pasado, anticipamos el futuro, juzgamos lo que ocurre y construimos historias sobre lo que otras personas hacen o piensan.
Muchas veces reaccionamos no ante la realidad misma, sino ante la versión de la realidad que nuestra mente ha creado.
El mindfulness puede ayudarnos a observar esos pensamientos con mayor claridad, sin confundirlos automáticamente con hechos.
Experimentar la vida como realmente es
La atención plena nos invita a experimentar el momento presente con una actitud abierta, consciente y menos condicionada por nuestros prejuicios.
Esto no significa dejar de pensar, ignorar los problemas o aceptar pasivamente situaciones que deberían cambiar.
Significa aprender a diferenciar entre:
- Lo que realmente está ocurriendo.
- Lo que estamos pensando sobre lo que ocurre.
- La respuesta que decidimos dar.
Este pequeño espacio entre el acontecimiento y nuestra reacción puede transformar profundamente nuestra calidad de vida.
Cuando desarrollamos una mayor capacidad de observación, podemos responder con más serenidad, eficiencia y libertad.
No eliminamos todos los problemas, pero dejamos de aumentar innecesariamente el sufrimiento.
¿Cómo puede comenzar una persona que nunca ha practicado mindfulness?
Actualmente existe una enorme cantidad de información sobre mindfulness en Internet. Hay videos, aplicaciones, libros, audios y prácticas guiadas.
Estos recursos pueden servir como una primera aproximación.
Sin embargo, Javier recomienda que las personas interesadas busquen también un curso, una formación o un instructor que les genere confianza.
La práctica no consiste únicamente en sentarse, cerrar los ojos y tratar de no pensar.
Existen fundamentos teóricos, actitudes y ejercicios que deben comprenderse adecuadamente. Una buena orientación permite evitar frustraciones y desarrollar la práctica de una forma gradual y sostenible.
La persona no tiene que comenzar meditando durante largos periodos.
Puede empezar con algunos minutos diarios, prestando atención a la respiración, a las sensaciones corporales o a una actividad cotidiana como caminar, comer o beber una taza de café.
Lo importante no es practicar de manera perfecta, sino regresar una y otra vez al momento presente.
El futuro del mindfulness
Hace diez o quince años, el mindfulness todavía era visto con cierto escepticismo en muchos ambientes médicos y académicos europeos.
En la actualidad se encuentra mucho más consolidado.
El desafío ya no consiste solamente en demostrar que puede ser útil. La investigación se dirige ahora hacia la personalización de las intervenciones en áreas como la salud, la educación y el mundo empresarial.
No todas las personas necesitan la misma práctica ni responden de la misma manera.
El futuro probablemente incluirá programas más adaptados a las características, necesidades y contextos de cada individuo.
Otro campo fascinante es el estudio del cerebro humano después de muchos años de entrenamiento contemplativo.
Un cerebro sano que nunca ha practicado meditación no funciona exactamente igual que el cerebro de una persona que ha entrenado la atención durante veinte o treinta años.
Comprender hasta dónde puede desarrollarse la mente humana mediante el entrenamiento es uno de los grandes desafíos de las ciencias contemplativas.
Ciencia y humanidad
Más allá de sus publicaciones, investigaciones y libros, hay algo que siempre he valorado profundamente en Javier: su calidad humana.
Durante años tuvo la valentía de hablar de mindfulness dentro de la medicina cuando todavía era un tema poco comprendido y, en algunos espacios, incluso considerado tabú.
Su trabajo ha ayudado a construir puentes entre la práctica contemplativa, la psiquiatría, la investigación científica y la atención de los pacientes.
Reencontrarnos en Zaragoza fue una oportunidad para celebrar ese camino, pero también para recordar que todavía tenemos mucho por aprender.
El mindfulness no promete una vida sin enfermedad, pérdidas o momentos difíciles.
Nos ofrece algo quizá más realista y más profundo: la posibilidad de relacionarnos de otra manera con aquello que la vida nos presenta.
Podemos aprender a detenernos.
A observar.
A respirar.
A distinguir la realidad de nuestras interpretaciones.
Y, desde ese lugar, vivir con un poco más de claridad, serenidad y libertad.
Porque vivir más no consiste únicamente en añadir años a nuestra existencia.
También significa aprender a vivir mejor cada uno de los días que ya tenemos.
